El consumo de tabaco en nuestro país causa la muerte de 45 personas cada día, y se estima que anualmente es responsable de más de 20 mil infartos e internaciones (OPS Chile). Según mi experiencia, muchos de los pacientes que quieren hacerse una cirugía plástica, son fumadores.
Es conocido el efecto dañino del tabaco en el pulmón, por lo tanto un paciente fumador es más propenso a tener complicaciones respiratorias posteriores a una anestesia general. A ello se suma el hecho de que la nicotina es la responsable del estrechamiento de los vasos sanguíneos, por esto los tejidos tienen más dificultad para recibir el oxigeno de la sangre, lo que se traduce en dificultades en la cicatrización de las heridas, heridas que se abren o se puede producir necrosis de segmentos de piel. También aumenta la probabilidad de infecciones y/o de obstaculizar una curación, en el caso de que se produzcan.
Por esta razón se recomienda que ante una cirugía, el paciente deje de fumar, suspenda los parches de nicotina, el tabaco de mascar y los cigarrillos electrónicos.
Los efectos nocivos ocurren en todo tipo de cirugías, pero son especialmente dramáticos cuando hablamos de cirugía plástica, debido a la gran concentración de vasos sanguíneos existentes en la piel. Por lo tanto, si ha decidido realizarse una cirugía estética, lo mejor es que suspenda el tabaco, al menos, un mes antes de la intervención y un mes después, para evitar estas complicaciones.